Zavel Castro

Por confirmar | Diálogos en torno al teatro a partir de la pandemia

Ciudad de México, 2020 | En muchos sentidos la situación pandémica ha tenido como efecto la provocación. En el ejercicio crítico la provocación ha consistido en el cuestionamiento de los fundamentos, aquello dicho por las grandes voces, de las que estábamos acostumbradas a ser ecos.

25/09/2020

Si me permiten, voy a leer un texto que delata mi posición en el asunto, por lo cual siéntanse libres de comprenderlo como una declaración de principios.

En muchos sentidos la situación pandémica ha tenido como efecto la provocación. En el ejercicio crítico la provocación ha consistido en el cuestionamiento de los fundamentos, aquello dicho por las grandes voces, de las que estábamos acostumbradas a ser ecos. Autoridades que teníamos que obedecer porque ellos son los que saben y nosotras venimos a aprender. Cuando el pensamiento teatral deviene en discurso dogmático, sostenido en esencialismos, que no acompañan el devenir, que no reparan en lo que existe sino “lo que debería ser”, “porque siempre ha sido así”, “como todos sabemos” “y así es como nos gusta”; esos esencialismos que nos permiten decir que nuestro objeto de estudio es distinto a todo y a insinuar que acaso es mejor que todo lo demás. Cuando se consolida el dogma la operación crítica se anestesia para funcionar como agente policial, que solicita el consenso y que protege el sistema construido y conveniente para el orden dominante. Recuperando el pensamiento de Erika Fischer Lichte, las invito a imaginar a la crítica policial edificando y estableciendo fronteras, asumidas como naturales, inamovibles e insuperables y a fantasear con la posibilidad del resurgimiento de la crítica como ejercicio crítico, que desestabilice esas fronteras para sustituirlas por umbrales.

La frontera separa las cosas: establece lo que es teatro y lo que no, lo que es convivio y lo que no, lo que es corporal y lo que no, lo que es aurático y lo que no puede serlo, la frontera nos obliga a pensar en dicotomías incompatibles “o lo uno o lo otro” (sigo con Lichte), mientras que el umbral, como espacio de transición nos permite empezar a pensar en “tanto uno como lo otro”. Transformar las fronteras en umbrales nos aleja definitivamente de la tradición del pensamiento egepticista, que vislumbró Nietzsche, aquella que cree que rendir honores es deshistorizar las ideas, convertirlas en momias conceptuales, idolatrar cadáveres y despreciar la vida.

Paradójicamente, en un contexto que susurra muerte a toda hora, la crítica encuentra un impulso para revitalizarse, para desobedecer (y cuelo a Lichte) a quienes han instituido las fronteras y los que se encargan de protegerlas y vigilarlas, de decretar normas y detallar las condiciones (siempre excepcionales, como este momento que estamos viviendo) que permiten su rebasamiento.

La revitalización de la crítica, nos pone en riesgo, cuestión que no debería preocuparnos pues seguiríamos el ritmo del estado de las cosas, arriesgarnos para volver a ser creadoras, para ser inventoras, , para encontrar lo nuevo, pues como dijo Lázaro Gabino: “Más vale fallar intentando lo nuevo que buscar entrar a un club haciendo lo que los demás ya hicieron, lo que hacen todo el tiempo, lo que seguirán haciendo.”